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Proyecto Sandro 2002

LOS DESEOS DE MARITA

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ELECTRA

EL FULANO DE LA PUERTA DE ATRAS

LA POSEIDA

COMPLOT

ENIE ENIE ENIE

EN EL CIELO ESTABA SAN PEDRO Y COMPAÑIA JUGANDO BOCHAS

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YO Y MI VOZ

Los deseos de Marita

 

      Tarde tarde era. Ella, Marita, iba caminando por la calle Juncal decepcionada de esperar a Manuel; quizás el único hombre que amo realmente en su vida de cuarenta mayos. Se lamentaba por que las uñas se les crisparon y por que Manuel nunca apareció. Su piel de décadas comenzaba a juntar arrugas, resequedad y grasa; todo se ramificaba en su epidermis como una madre selva en las paredes. Todo lo horrible de los años se iba enredando en su organismo primogénito y todo lo que parece ser lo bueno de los años quedó olvidado en la esquina de la calle juncal. Son solo abatares -decía Marita-. Ella supo amar de grande y Manuel, un hombre de medio siglo, supo en algún rincón abatido de su juventud querer. Pero Marita no estaba de suerte y parece que Manuel si lo estaba. Él se encontraba, justo en ese instante, con una nena de 22 años; de carnes firme e inocencia despatarrada.

 Marita, alejada del teatro de operaciones de Manuel, se encontraba despeinada y con las uñas crispadas. Marita entra a la perfumería de la Av. Santa Fe. Qué horro Marita. ¿Qué te paso?-interrogaba atónita la dueña del salón de belleza y amiga incondicional e intima de Marita-. Nada -respondió con remolinos en los ojos su amiga intima e incondicional-. Y detrás de la negación una catarata de lagrimas explotó ante la mirada inerte de Sofí. Inmediatamente Sofí cerró el local, y juntas se quedaron tomando tía María hasta bien entrada la media noche. En otro punto de la ciudad, Manuel descargaba su semen en los senos blancos de Carolina, la adolescente de inocencia despatarrada, mientras Manuel acababa él le juraba un viaje a no se donde para Enero. Sofí calmaba la angustia de Marita con caricias y licor. Ella quería los senos de Marita ponérselos en su boca roja de rush, pero era su amiga; su confidente. Y no tenia ganas de tirar todo por un impulso.  Marita se levantó y decidió retirarse, llevaba una leve esbornía que confundía su cabeza. Sofía le partió la espalda a Marita de un fuerte abrazo y sintió sus senos caliente junto a los suyos luego, un profundo beso de lengua marco de rojo los finos labios de Marita. Marita sorprendida retiró el cuerpo deseoso de sofí y nadie se disculpo. Ella, para romper el hielo, le regaló una lima para las uñas.  Marita  agradeció la gentileza  y salió muy embrollada de pensamientos de la perfumería. Se pasaba la lengua por los labios y saboreaba el rush de su intima amiga; Marita tenia miedo de sus deseos.Esa misa noche comenzó a limarse las uñas y de tanto en tanto se introducía sus finos y largos dedos en su vagina húmeda, para luego saborearlos con una sensualidad impaciente. Mientras, en otro punto de la ciudad, Manuel estaba degustando los senos de Carolina y le juraba amor eterno y un viaje para quien sabe donde.

Las uñas estaban quedando parejas y llena de flujo, un néctar que no era desperdiciado y lo hacia extenderse al máximo entre sus labios desarticulados de rush. En un instante de paz; distraída por el silencio de la habitación y el dilatado placer de la saboreo, Marita se vio perturbada  por un humo gris y azul que comenzó a salir desde sus propias uñas. Ella no sentía dolor, solo una leve humareda que imperceptible emanaba increíblemente desde sus uñas. Pensó en el alcohol y sus efectos o en la excitación que vivía en esos momentos, luego tomó la lima y se frotó nuevamente las uñas; y otra vez el humito de color azul y gris. En un estado de pánico casi desenfrenado, Marita comenzó a  frotarse las uñas mucho más  fuerte que la vez anterior. Rápidamente y entre el humo comenzó a aparecer frente a ella una  figura, de principio bastante borrosa . Como decía, era muy difusa esta imagen y entre el humo bicolor, esa extraña forma volvió a ingresar  en la lima rectangular que descansaba en las manos de la mujer. Mientras, en otro punto de la ciudad, Manuel gemía de  placer con caro; las piernas de ella muy  abiertas y él que le juraba amor eterno y un regreso a no se donde.

Otra vez limó y limó esta madura mujer, limó tanto que pronto el humo gris y azul se hizo muy espeso, tan denso se convirtió el humo que costaba respirar, de pronto se disperso toda la humareda  y una figura de un pequeño hombrecillo, que no tenia mas de 50 centímetros de altura, se le hizo presente. Buenas -dijo como saludo amistoso el hombrecito de sombrero anaranjado y pantalones ámbar-. El torso del duende estaba desnudo y un clavel clavado en la cabeza tenia el muy atorrante. Soy él Don Efómero -y prosiguió-  soy  hijo de el clan Seserro y por ese motivo solo concedo tres deseos –dijo aquel extraño ser-

Ella, estupefacta observó al enano ridículo. Lo toco y hasta creó en ella cierta simpatía. Señora  -dijo el pequeño gnomo y prosiguió-. Concedo solo tres deseos –volvio a repetir la extraña criatura- Ella, Marita lo miró fijo  y luego cerro los ojos. En ese instante comenzó a pedir los deseos. Mientras en otro punto de la ciudad, Manuel  subía  a su plateado auto y le juraba amor eterno a Carolina  que envuelta en un vestido suelto solo reía y dejaba sus tetas al viento. Marita seguía perpleja ante el hombrecito y sin vacilar comenzó:

Primer: Ser joven.

Segundo: Tener más dinero.

Tercero: Hombres.

 

El ridículo hombrecillo de llamativos colores desapareció apenas pidió el últimos de los anhelos; se volvió a formar aquella misma humareda bicolor que lo había traído y solo que ya la mujer no era presa del pavura ni de una enigmática presentación. La Marita se fue a dormir con la ilusión de los deseos a flor de piel. A la mañana se levantó. La lima no estaba en la repisa junto a la foto de Ricky Martin . Fue hasta el espejo y era la misma de siempre; no había más juventud que las arrugas de ayer y no mas hombre que el nombre de Manuel tatuado en su corazón que lo lloraba junto al espejo.

Paso el tiempo y nuestra Marita  envejeció más que cualquiera de sus amigas y los machos prometidos eran solo los calentones de turno que querían echarse un buen polvo con los vestigios de lo que había sido una buena dama  y huir lo mas rapido posible. Pronto para la Marita el dinero comenzó a escasear, tanto que se tuvo que mudar del barrio de Parque Cha al barrio de  Almagro; de vivir de los alquileres a  trabajar en una venta de teléfonos celulares; de ir a divertirse a Sahara o Luna Morena a ver si había una migaja de suerte en el Bingo de la calle Rivadavia o a mirar algún caballero en la disco Montecarlo. El tiempo paso:  Manuel se fue a ese lugar donde no se que museo, después creo que se fue a bucear donde los pescados están en el mar y se ven mas grandes y para finalizar en la Meca burguesa de Miami; claro el hombre se fue primero con  Carolina, después con Natalia, y por ultimo con Marisol.  Manuel se fue a vivir con Carolina, con Natalia, con Marisol en realidad con la que venga: Pero tenían que tener un perfil en común ; pelo lacio ( obvio, que naciera en su cabeza) preferentemente morocho, ser profesionales recién recibidas, tener ganas de llevar adelante un experiencia con fines serios con un hombre maduro y con buen pasar económico. El solo pedía que fueran soñadoras y que supieran escribir la palabra revolución ....... ya que suena tan bien...... .  

Marita envejecía en una constante soledad, su cuerpo se crispaba y la miseria la arrincono tanto que llego a trabajar de limpia pisos. Ni almagro , ni Montecarlo, no hubo suerte en los bingos y todo derecho a ser feliz quedó enclaustrado entere las ruinas de su cuerpo. La Marita vive en una casilla de tierra amarilla; Su pareja es un peruano y es madrastra de dos hijos. Marita  rememora la noche del duende, soñando que aparezca y  poder preguntarle de los deseos y cosas así. La señora en ruinas pasea  por el barrio de chapa y tierra  contando el cuento del duende. Se sabe ver toda despeinada y con las uñas rotas, cogiendo con cualquier cartonero y maquillándose con cualquier porquería. De vez en cuando se la ve juntado papeles y  en sus delirios hablando con perros y caballos o entrando a lo de doña chola para manguear pan y vino.

Ella nunca supo que los deseo solo son: deseos, y el pequeño hombre cumple los deseos o sea, cumple la nada. Uno pide lo nunca se cumplirá. Hoy a Marita se la ve triste y sola. De tanto en tanto ríe, pero con el tiempo  Marita aprendió a tomar vino barato, también aprenderá a que sus hijos abran puertas de autos y se esta acostumbrando a los golpes de su nuevo compañero. Luego cuando se sienta mas fracasada bailará en los corsos  de tierra amarilla y entre el barro y la pobreza aprenderá a que los deseos siempre son distantes. Si casi la puedo ver bailando chamamé o cachaca  en las noches de calor entre chapa y tierra. Pero baila Marita que en tu triste cara una sonrisa se te dibujara.

 

 

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