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Tarde
tarde era. Ella, Marita, iba caminando por la calle Juncal decepcionada de
esperar a Manuel; quizás el único hombre que amo realmente en su vida de
cuarenta mayos. Se lamentaba por que las uñas se les crisparon y por que
Manuel nunca apareció. Su piel de décadas comenzaba a juntar arrugas,
resequedad y grasa; todo se ramificaba en su epidermis como una madre
selva en las paredes. Todo lo horrible de los años se iba enredando en su
organismo primogénito y todo lo que parece ser lo bueno de los años quedó
olvidado en la esquina de la calle juncal. Son solo abatares -decía
Marita-. Ella supo amar de grande y Manuel, un hombre de medio siglo, supo
en algún rincón abatido de su juventud querer. Pero Marita no estaba de
suerte y parece que Manuel si lo estaba. Él se encontraba, justo en ese
instante, con una nena de 22 años; de carnes firme e inocencia
despatarrada.
Marita,
alejada del teatro de operaciones de Manuel, se encontraba despeinada y
con las uñas crispadas. Marita entra a la perfumería de la Av. Santa Fe.
Qué horro Marita. ¿Qué te paso?-interrogaba atónita la dueña del salón
de belleza y amiga incondicional e intima de Marita-. Nada -respondió con
remolinos en los ojos su amiga intima e incondicional-. Y detrás de la
negación una catarata de lagrimas explotó ante la mirada inerte de Sofí.
Inmediatamente Sofí cerró el local, y juntas se quedaron tomando tía
María hasta bien entrada la media noche. En otro punto de la ciudad,
Manuel descargaba su semen en los senos blancos de Carolina, la
adolescente de inocencia despatarrada, mientras Manuel acababa él le
juraba un viaje a no se donde para Enero. Sofí calmaba la angustia de
Marita con caricias y licor. Ella quería los senos de Marita ponérselos
en su boca roja de rush, pero era su amiga; su confidente. Y no tenia
ganas de tirar todo por un impulso. Marita
se levantó y decidió retirarse, llevaba una leve esbornía que confundía
su cabeza. Sofía le partió la espalda a Marita de un fuerte abrazo y
sintió sus senos caliente junto a los suyos luego, un profundo beso de
lengua marco de rojo los finos labios de Marita. Marita sorprendida retiró
el cuerpo deseoso de sofí y nadie se disculpo. Ella, para romper el
hielo, le regaló una lima para las uñas. Marita agradeció
la gentileza y salió muy
embrollada de pensamientos de la perfumería. Se pasaba la lengua por los
labios y saboreaba el rush de su intima amiga; Marita tenia miedo de sus
deseos.Esa misa noche comenzó a limarse las uñas y de tanto en tanto se
introducía sus finos y largos dedos en su vagina húmeda, para luego
saborearlos con una sensualidad impaciente. Mientras, en otro punto de la
ciudad, Manuel estaba degustando los senos de Carolina y le juraba amor
eterno y un viaje para quien sabe donde.
Las
uñas estaban quedando parejas y llena de flujo, un néctar que no era
desperdiciado y lo hacia extenderse al máximo entre sus labios
desarticulados de rush. En un instante de paz; distraída por el silencio
de la habitación y el dilatado placer de la saboreo, Marita se vio
perturbada por un humo gris y
azul que comenzó a salir desde sus propias uñas. Ella no sentía dolor,
solo una leve humareda que imperceptible emanaba increíblemente desde sus
uñas. Pensó en el alcohol y sus efectos o en la excitación que vivía
en esos momentos, luego tomó la lima y se frotó nuevamente las uñas; y
otra vez el humito de color azul y gris. En un estado de pánico casi
desenfrenado, Marita comenzó a frotarse las uñas mucho más
fuerte que la vez anterior. Rápidamente y entre el humo comenzó a
aparecer frente a ella una figura,
de principio bastante borrosa . Como decía, era muy difusa esta imagen y
entre el humo bicolor, esa extraña forma volvió a ingresar en la lima rectangular que descansaba en las manos de la
mujer. Mientras, en otro punto de la ciudad, Manuel gemía de placer con caro; las piernas de ella muy
abiertas y él que le juraba amor eterno y un regreso a no se
donde.
Otra
vez limó y limó esta madura mujer, limó tanto que pronto el humo gris y
azul se hizo muy espeso, tan denso se convirtió el humo que costaba
respirar, de pronto se disperso toda la humareda
y una figura de un pequeño hombrecillo, que no tenia mas de 50
centímetros de altura, se le hizo presente. Buenas -dijo como saludo
amistoso el hombrecito de sombrero anaranjado y pantalones ámbar-. El
torso del duende estaba desnudo y un clavel clavado en la cabeza tenia el
muy atorrante. Soy él Don Efómero -y prosiguió-
soy hijo de el clan
Seserro y por ese motivo solo concedo tres deseos –dijo aquel extraño
ser-
Ella, estupefacta
observó al enano ridículo. Lo toco y hasta creó en ella cierta simpatía.
Señora -dijo el pequeño
gnomo y prosiguió-. Concedo solo tres deseos –volvio a repetir la extraña
criatura- Ella, Marita lo miró fijo
y luego cerro los ojos. En ese instante comenzó a pedir los
deseos. Mientras en otro punto de la ciudad, Manuel
subía a su plateado
auto y le juraba amor eterno a Carolina
que envuelta en un vestido suelto solo reía y dejaba sus tetas al
viento. Marita seguía perpleja ante el hombrecito y sin vacilar comenzó:
Primer:
Ser joven.
Segundo: Tener más dinero.
Tercero: Hombres.
El
ridículo hombrecillo de llamativos colores desapareció apenas pidió el
últimos de los anhelos; se volvió a formar aquella misma humareda
bicolor que lo había traído y solo que ya la mujer no era presa del
pavura ni de una enigmática presentación. La Marita se fue a dormir con
la ilusión de los deseos a flor de piel. A la mañana se levantó. La
lima no estaba en la repisa junto a la foto de Ricky Martin . Fue hasta el
espejo y era la misma de siempre; no había más juventud que las arrugas
de ayer y no mas hombre que el nombre de Manuel tatuado en su corazón que
lo lloraba junto al espejo.
Paso
el tiempo y nuestra Marita envejeció
más que cualquiera de sus amigas y los machos prometidos eran solo los
calentones de turno que querían echarse un buen polvo con los vestigios
de lo que había sido una buena dama
y huir lo mas rapido posible. Pronto para la Marita el dinero
comenzó a escasear, tanto que se tuvo que mudar del barrio de Parque Cha
al barrio de Almagro; de
vivir de los alquileres a trabajar
en una venta de teléfonos celulares; de ir a divertirse a Sahara o
Luna Morena a ver si había una migaja de suerte en el Bingo de la
calle Rivadavia o a mirar algún caballero en la disco Montecarlo.
El tiempo paso: Manuel se fue
a ese lugar donde no se que museo, después creo que se fue a bucear donde
los pescados están en el mar y se ven mas grandes y para finalizar en la
Meca burguesa de Miami; claro el hombre se fue primero con
Carolina, después con Natalia, y por ultimo con Marisol.
Manuel se fue a vivir con Carolina, con Natalia, con Marisol en
realidad con la que venga: Pero tenían que tener un perfil en común ;
pelo lacio ( obvio, que naciera en su cabeza) preferentemente morocho, ser
profesionales recién recibidas, tener ganas de llevar adelante un
experiencia con fines serios con un hombre maduro y con buen pasar económico.
El solo pedía que fueran soñadoras y que supieran escribir la palabra
revolución ....... ya que suena tan bien...... .
Marita envejecía en una constante soledad, su
cuerpo se crispaba y la miseria la arrincono tanto que llego a trabajar de
limpia pisos. Ni almagro , ni Montecarlo, no hubo suerte en los bingos y
todo derecho a ser feliz quedó enclaustrado entere las ruinas de su
cuerpo. La Marita vive en una casilla de tierra amarilla; Su pareja es un
peruano y es madrastra de dos hijos. Marita
rememora la noche del duende, soñando que aparezca y
poder preguntarle de los deseos y cosas así. La señora en ruinas
pasea por el barrio de chapa
y tierra contando el cuento
del duende. Se sabe ver toda despeinada y con las uñas rotas, cogiendo
con cualquier cartonero y maquillándose con cualquier porquería. De vez
en cuando se la ve juntado papeles y
en sus delirios hablando con perros y caballos o entrando a lo de
doña chola para manguear pan y vino.
Ella
nunca supo que los deseo solo son: deseos, y el pequeño hombre cumple los
deseos o sea, cumple la nada. Uno pide lo nunca se cumplirá. Hoy a Marita
se la ve triste y sola. De tanto en tanto ríe, pero con el tiempo
Marita aprendió a tomar vino barato, también aprenderá a que sus
hijos abran puertas de autos y se esta acostumbrando a los golpes de su
nuevo compañero. Luego cuando se sienta mas fracasada bailará en los
corsos de tierra amarilla y
entre el barro y la pobreza aprenderá a que los deseos siempre son
distantes. Si casi la puedo ver bailando chamamé o cachaca
en las noches de calor entre chapa y tierra. Pero baila Marita que
en tu triste cara una sonrisa se te dibujara.
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