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I
Relámpagos en el fin del mundo, son
solo destellos de la lluvia de verano que vendrá. Con solo mirar el fin
del mundo uno adivina el presagio de lo que va venir.
En un
viejo deposito donde la mugre dominaba hasta lo que no se veía se
conocieron; entre cartones de vinos y remeras oscuras con caras
desfiguradas se conocieron. Para Azul Andréa era como empezar de nuevo lo
que nunca pudo terminar, y para Mimi era el mismo circuito de saliva y
quizás, no la misma transpiración pero transpiración al fin. En una
calesita tomaron el ultimo saque y lamieron ambos la bolsa; el sabor
amargo era el presagio de lo que vendría. Un hotel familiar y la ropa
esparcida en un piso que servia de sostén y de ropero. Esa noche Azul
Andréa no tendría que tomar
mas vino y ni masturbarse para bajar; solo cerrar la persiana y que la
noche se extienda hasta que alguno de los dos, como si fuese Dioses, sacaría
por decreto el amanecer y rompería con la magia de las sombras, única
heredera de las almas enmarañadas, única hija legal y bastarda del
supremo de un olímpo que se caía a pedazos.
Se vieron
un par de veces más; pero nunca siguieron el rito de tomar y el hotel
familiar. Por qué el rito se creaba con el sacrificio de sus cuerpos y no
hacia falta un dios referí
que midiese el placer de los momentos. A veces se preguntaban ¿ Y después
de esto qué? . Y la contestación era la negación de las miradas
luminosas de sus propios iris; la falsedad del discurso era insostenible
en las miradas de ambos ya que ninguno de los dos sabia decir la verdad,
como si supiesen que es la verdad.
II
Truena
como nunca hoy y el vaso de la mesada esta vacío. Un vaso que descansa en
la mesa de madera da la señal de que la realidad es tan falsa como la
verdad y más intranquila que ella. El flaco Spinetta con su presencia
sensorial desde el parlante, te dice que un dulce exsocet “busca de piel
en piel”, y para Andréa Azul eso es mas real que navegar por Internet,
que contar los asesinatos de crónica T.V y que hacer la claringrilla
cuando estas cagando. Todo lo inútil es tan fácil como agarra el vaso y
llenarlo. Andréa Azul lo entendió y lo llenó; el contenido rebalso el
vaso y el vino se esparció por todo el
piso (toda una tragedia para esa noche). Afuera los truenos daban
forma empírica a lo que vendría: La lluvia.
Una caída
vacía en una noche en donde el cuerpo de Azul era inerte
a los consejos y vulnerable a toda forma de muerte. Pensaba en ir
al baño y cortarse las venas despacio con una guillet; dejar que la
sangre atónita brotase por las muñecas, sentir lo caliente y ver el rojo
desfigurar las gotas que en paz e inmóviles descansaban en el lavatorio.
O pensaba en reventarse las tapa de los sesos: Pero esto sería muy
impresionable para su familia.
Y después
pensaba en su velorio y la gente que iría a ver ese cuerpo vacío de
vida. Se preguntaba si estaría ella en la sala mortuoria, con caras
desconcertadas invadiendo el territorio de su cadáver, para luego tocarle
alguien la frente y pedir que esa alma en paz descanse.
Todas
eran imágenes rápidas en una cabeza que estaba cansada del espiral de
angustia que en una circular constante lo invadía y casi no podía
soportar el hecho de estar en esa situación.
III
La verdad
es lo más intranquilo, escuchaban desde el parlante inmóvil que
descansaba desde una repisa. Y lo gris de la ciudad, que volvía a su
memoria y se le mixtura con el atardecer de la ultima vez que ambos
cuerpos estarían en esa posición. Pero la posición era lo de menos, por
que las diferencias eran la verdadera verdad, esa intranquilidad que
agotaba el estado de la perfección; tanto lo agotaba que la realidad hija
bastarda de la perfección creaba un ambiente de sin sentido que difícilmente
se mantuviese en el futuro.
Lo gris
desapareció entre las sombras de la noche, y otros cuerpos con el correr
del tiempo ocuparon ese lugar. Mañana y pasado; todas las hojas del
calendario caían como nefastas ilusiones de magia, esa magia blanca que
nos hace percibir trucos perfectos, pero es todo manipulado por nuestro
imaginario y por la piolada de un tipo que hace desaparecer cosas de una
forma tan tonta que nos daría vergüenza ser engañados de esa manera.
Así
comenzó a sentirse Andréa azul; encerrado en días que llevaban una
fuerte carga de angustia, aunque tratara de disimularlo con muecas y
sonrisas falsas.
Luego se
enredaron en los cables de Telecom, y la clemencia de Andréa era ficticia
y chocaba con el acorazado corazón del otro lado del tubo. No todas las
personas suelen aparentar lo que son, no todas las personas piensa que la
verdad es lo mas intranquilo y no todos creen en Dios. Una tarde de algún
mes Andréa Azul corto el cable del teléfono y se hecho a dormir.
Cansado
de vivir de noche y cansado de lo ficticio se tiró a dormir. Cansado de
las caras de las calles, se tiró a dormir y cansado de estar rodeado de
esas cosas que vaya a saber
quienes la crearon se tiró a dormir. Mientras, la ciudad se despertaba
con el ritmo hipócrita de la cúmbia, con la alegría farsante de
aquellos que tarde o temprano van a morir y su cuerpo estarán carcomido
por los gusanos en solo un par de décadas. ¿ Qué te da miedo, en pensar
que tu cuerpo, bastión de toda belleza o fealdad, es una pronta bolsa de
gusanos?.... ¿ y qué?. ¿ O la verdad no es lo mas intranquilo? –se
decía Azul-. Podes navegar, fumar, pasear de la mano; junto al homo
sapiens-sapiens que elegiste
para este cruel candombe de sangre y lagrimas llamado vida. Tener plata y auto, soñar con la tecnología de esta invención
cuasi demoniaca que nos domina , podes batir el récord de salto en corto,
pero nada saca la presencia de la muerte y de los gusanos que comienza a
tomarte el tiempo en el reloj de arena (que compraron a mitad de precio en
la calle Talcahuano).
IV
Cuando
Andréa Azul despertó la lluvia había empezado, y como decía su abuela;
estaba San Pedro jugando bochas: Los truenos no fallan, la muerte tampoco,
pero el amor es solo una creación astuta, es parte de aquellos que
crearon el dinero, los mismos que crearon
las fronteras y las guerras; los mismos que crearon a Dios, Ala,
Gheová o quien mierda fuera (putos dioses) y también la Navidad. Los
mismos que crearon la familia y los mismos que crearon la escritura como
catarsis de la desesperación y el fracaso de que todo sea igual, siempre
igual: ¡¡Siempre igual!!. .
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